Sobrecontrol y perfeccionismo
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La ansiedad social en adolescentes no consiste solo en ser tímido o en ponerse nervioso al hablar con otras personas. En muchos casos, implica vivir determinadas situaciones sociales como si fueran una especie de examen: hablar en clase, participar en un grupo, conocer gente nueva, expresar una opinión o simplemente sentirse observado. Puede afectar a las amistades, al rendimiento académico y al bienestar emocional, y suele empezar a una edad temprana.
Muchos adolescentes con ansiedad social viven con miedo a equivocarse, a quedar en ridículo o a que los demás noten sus nervios. Temen hacer el tonto, quedarse en blanco o dar una mala imagen. Ese miedo al juicio ajeno suele estar muy presente. De hecho, uno de los factores más importantes relacionados con la ansiedad social es precisamente el miedo a la evaluación negativa.
Pero el problema no termina ahí.
A menudo, además del miedo a los demás, aparece una voz interna muy dura. Una voz que juzga, exige, presiona y humilla. Frases como estas son frecuentes:
Es decir, el adolescente no solo teme el juicio externo. Muchas veces también vive bajo un juicio interno constante.
Hay adolescentes que, cuando lo pasan mal en una situación social, reaccionan con mucha dureza consigo mismos. En lugar de darse algo de margen, comprensión o perspectiva, se atacan más. Se sienten inferiores, raros, torpes o defectuosos. Y eso intensifica todavía más el malestar.
Una investigación con adolescentes encontró que cuanto menor era la capacidad de tratarse a uno mismo de una forma más comprensiva y equilibrada, mayor era la ansiedad social. Además, esta relación seguía siendo importante incluso al tener en cuenta otros síntomas emocionales, como la ansiedad general o el bajo estado de ánimo.
Dicho de forma sencilla: no solo importa lo que ocurre fuera; también importa mucho lo que ocurre dentro.
En muchos casos, el proceso funciona así:
Muchas veces lo que mantiene el problema no es solo la situación social, sino la combinación de miedo al juicio y esfuerzo por no sentir lo que esa situación despierta. El estudio encontró precisamente que la relación entre este modo de tratarse a uno mismo y la ansiedad social estaba especialmente conectada con dos factores: el miedo a la evaluación negativa y la evitación mental.
Cuando pensamos en evitación, solemos imaginar a alguien que no sale, no habla o no se acerca a los demás. Pero también existe una evitación más silenciosa: la que ocurre por dentro.
Por ejemplo:
Desde fuera puede parecer solo inseguridad. Pero por dentro suele haber una lucha enorme por no sentir vergüenza, no exponerse y no revivir esa sensación de quedar mal.
Aunque muchas personas hablan de ansiedad social, en el fondo muchas veces también hay vergüenza. No solo miedo a pasarlo mal, sino miedo a que se vea algo de uno mismo que se vive como insuficiente, extraño o defectuoso.
Eso hace que algunas situaciones cotidianas se vivan con muchísima intensidad:
El adolescente no solo teme sentirse nervioso. A menudo teme que ese nerviosismo “revele algo malo” sobre él.
No suele ser suficiente con decirle a un adolescente “no pienses eso” o “ten más confianza”. El cambio suele empezar cuando aprende poco a poco a:
No se trata de que deje de sentir nervios de golpe. Se trata de que, cuando aparezcan, no se conviertan además en una ocasión para machacarse.
A veces desde fuera se interpreta mal este problema. Se piensa que el adolescente es exagerado, demasiado sensible, inmaduro o poco sociable. Pero muchas veces no es eso. Lo que hay es un sistema de alerta social muy activado y una relación muy dura con uno mismo cuando aparecen la inseguridad y la vergüenza.
Por eso conviene mirar más allá del “tiene que espabilar” o “ya se le pasará”. Entender bien lo que le ocurre puede marcar mucha diferencia.
La ansiedad social en adolescentes no se mantiene solo por lo que puedan pensar los demás. También influye mucho cómo se tratan ellos mismos cuando se sienten expuestos, inseguros o avergonzados. Y cuanto más miedo hay al juicio, más autocrítica y más intentos de evitar lo que se siente, más fácil es que el problema se mantenga.
Ayudar a un adolescente en esta situación no pasa solo por pedirle que sea más valiente. Pasa también por enseñarle a no convertirse en su peor juez cuando más vulnerable se siente.
Si notas que tu hijo o hija evita situaciones sociales, sufre mucho por lo que otros puedan pensar o se machaca demasiado cuando se siente inseguro, quizá convenga mirarlo con más atención. Pedir ayuda a tiempo puede evitar que este malestar se haga más grande y condicione su vida social, académica y emocional.
En consulta trabajo estas dificultades de forma cercana y adaptada a cada caso. Si quieres valorar tu situación o resolver dudas, puedes ponerte en contacto conmigo
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